La yoga es una practica fascinante, no hay una clase igual a la otra. Y no lo digo por las posturas o la maestra que la imparte, lo digo por mí misma. Yo no soy la misma en cada una de las clases que tomo, ni soy la misma mama para un hijo que para el otro. Tenemos que entender que somos seres dinámicos, cambiantes, adaptables.
Incluso me pasa lo mismo escribiendo, hay días que mi cabeza esta llena de ideas, de situaciones y mi manera de escribir fluye. En otras ocasiones, me es imposible escribir y pareciera que mi mente no esta clara.
Regresando a la clase de Yoga, mientras se va desarrollando, vamos avanzando en nuestras capacidades, nos vamos conociendo y tenemos una interacción continua entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Como dice el gráfico, La yoga no se trata de tocarse los dedos de los pies o doblarnos como «pretzels», podemos ver cosas admirables cuando se trata de las posturas en Yoga. Pero lo importante de todo esto NO es la postura tal cual. Lo importante es observarnos y ver quienes somos mientras las hacemos, ¿que nos decimos a nosotros mismos? ¿nos estamos comparando con los compañeros de al lado? ¿Necesitamos la aprobación del maestro?. ¿nos criticamos o sobreexigimos o podemos ser compasivos y empáticos con nosotros mismos? ¿Que clase de persona soy? ¿Me escucho realmente?. ¿Cuantas cosas puedo aprender e interiorizar con una simple postura? Lo importante no es llegar o hacerlo a la perfección, es ver quienes somos nosotros ante esa situación y poder aprender de cada una de estas oportunidades.
Es verdad, no siempre estamos abiertos al aprendizaje, mentiría si les dijera que estoy todo el tiempo en ese modo, pero si puedo decir, que cuando necesito respuestas………
Inhalo…. exhalo……… y comienzo mi practica… ahí puedo encontrar respuestas si en verdad quiero ser escuchada por mi misma.